El trabajo, que se publica en el último número de Cerebrovascular Diseases con Maite Mendioroz como investigadora principal, ha concluido que existe una asociación significativa entre el nivel de APC en sangre y las complicaciones hemorrágicas al tratamiento con el activador tisular del plasminógeno (t-PA).
Montaner ha explicado a Diario Médico que por el momento no es posible determinar si el incremento de APC es la causa o la consecuencia de la hemorragia, por lo que son necesarios nuevos estudios para que pueda consolidarse como un biomarcador pronóstico.
Actualmente, la proteína C activada se usa para el tratamiento de algunos casos de sepsis en humanos, además de que está en experimentación animal para tratar el ictus, por lo que estos resultados representan un "toque de atención sobre los posibles riesgos asociados".
Este mismo grupo, con Israel Fernández-Cadenas como investigador principal, ha publicado otro estudio en el Journal of Thrombosis and Haemostasis, en el que se ha determinado que los pacientes con niveles bajos en sangre de la proteína complejo trombina-antitrombina (TAT) respondían mejor al tratamiento trombolítico.
Según este trabajo, "una hora después de haber recibido el fármaco, los pacientes con un nivel bajo de TAT presentan 25 veces más probabilidades de recanalización arterial".
Según estos científicos, medir el nivel en sangre de la proteína TAT podría ser de utilidad como marcador para personalizar la dosis de t-PA, además de que se plantea la opción de administrar fármacos antitrombóticos junto con t-PA a enfermos con niveles altos de TAT.
"Los niveles altos de la proteína C activada en los pacientes con ictus están asociados con un aumento del riesgo de hemorragias por el tratamiento con t-PA."
"Los pacientes con un nivel bajo de la proteína TAT tienen 25 veces más probabilidades de recanalización arterial con el tratamiento trombolítico."
POCA SEGURIDAD Y EFICACIA
Actualmente el activador tisular del plasminógeno (t-PA) es el único tratamiento disponible para el ictus. Su mecanismo de acción se orienta a la recanalización arterial. El fármaco tiene importantes limitaciones de seguridad y eficacia, por lo que la búsqueda de marcadores pronósticos fiables es muy relevante.Debe administrarse durante las primeras 4,5 horas desde la aparición de los primeros síntomas de ictus. Actualmente sólo un 50 por ciento de los pacientes llegan a tiempo a urgencias y sólo un 6 por ciento reciben tratamiento trombolítico. Otras limitaciones del fármaco son que está asociado a un alto índice de complicaciones hemorrágicas muy graves, además de que no resulta eficaz en todos los pacientes.